Desde muy joven la pintura es para mí LUZ y el REFUGIO en el que empezó el desarrollo de mi personalidad pictórica inmersa en la “magia” de la expresión de mi mundo interior.
El crecimiento me reafirma y me blinda, pero a la vez soy vulnerable participe de las emociones y sentimientos que iba observando. Vienen algunos premios y reconocimientos.
Estudio y pinto día y noche. Llego a la Universidad de Madrid para hacer la carrera de BBAA, la que termino a petición de mi madre. Ella me seguía como si estuviera dentro de mí desarrollándose también pasa a paso. Me pretenden críticos, galerías importantes y coleccionistas particulares, pero rechazo y sigo el camino de la “magia” que ya mencioné antes.
Hago retratos para garantizar la libertad y desarrollo de mi pintura. Un retrato sigue a otro, y así sucesivamente, hasta que decido parar antes de ocuparme demasiado en el respetable y admirado camino.
Visito galerías en las que me estimulan y admiran otras maneras de hacer pintura pero significo, aún más, la mía.
Galerías importantes de la época se fijan en mí. Me relaciono con los directores, muchos críticos y pintores teniendo reuniones amistosas de las que guardo un entrañable recuerdo.
Mantengo mi trayectoria decididamente individual por puro respeto a mí mismo y al camino que voy recorriendo de un modo tan purista. Nunca me gustó tener marcados los pasos a seguir que no fuera el máximo de horas ante el caballete.
Sin embargo, por una circunstancia personal y humanamente enriquecedora, detengo el desarrollo de mi obra y comienzo otro con el mismo interés y fuerza en el “realismo figurativo”. Y me adentro en esa luz y “magia” que para mí tiene la pintura.
Es entonces cuando participo con algunas galerías destacadas , exponiendo mi obra pública y privadamente.